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LOS EXITOSOS PELLS
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jueves, 7 de mayo de 2009

la rubia sin un pelo de tonta

Carla Peterson nació en una familia acomodada y tradicional que no se mosqueó cuando la nena anunció que quería se actriz. Primero hizo Shakespeare y Kafka en teatro y después saltó a la tele, donde se consagró como la mejor comediante de la pantalla.

Carla Peterson está en un momento brillante, y lo reconoce. Porque esta joven y estudiosa actriz, que se abrió camino escalón por escalón, siente que por fin le llegó el tiempo de la cosecha. Llegó, como suele suceder, después de aprender a morder el polvo de la profesión de actriz, a ser estrella, pero que siempre implica renunciamientos. Así parió a la excepcional comediante que se puede admirar a diario en TV. Cuando ya quedan pocos capítulos para terminar con Los exitosos Pells, nos recibe en su camarín, olvida el cansancio del rodaje diario y se entrega a una charla donde, con honestidad brutal, abre su corazón y su intimidad.


–Muchos actores reconocen haber elegido su profesión para evadir una realidad poco gratificante. No parece ser su caso.
–No tanto porque cuando yo decía que quería ser actriz era muy chica: no sabía muy bien cuál era la realidad, ni tampoco cómo era la vida de un actor o qué significaba ser actriz. Pero sí imaginaba que serlo me iba a dar más posibilidades de vivir de manera diferente. Y además, al mismo tiempo que yo decía que quería ser actriz vivía una realidad que era casi un juego, en plena adolescencia.


–Fue una nena precoz. A los 8 años ya hacía su espectáculo de zapateo americano en el living de su casa.
–Hacía esas cosas, no sabía si iba a ser una bailarina o actriz, pero sí estaba segura de que iba a estar entre vestuarios y escenografías, soñaba con eso.


–Parafraseando al tango, se educó en un colegio de monjas…
–Fui doce años al colegio Santa Unión, que había sido de monjas inglesas o escocesas. Tenía todo lo que un colegio inglés podía ofrecer, pero no lo era. Eso sí, había un costado artístico muy interesante y la libertad de plantear y concretar obras y musicales: hice de Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, participé en La novicia rebelde, y me recibí de bachiller humanista especializada en letras. Fue una etapa muy divertida.


–¿Y sus padres qué opinaban?
–Se preguntaban si en este país era posible vivir de la profesión de actriz, más después de haberme mandado a tan buenos colegios. Por suerte me gustaba estudiar, porque después me di cuenta de la cantidad de horas de estudio que lleva este trabajo, y ni hablar del teatro…


–Tiene toda una trayectoria en el off.
–Sí, al mismo tiempo que hacía tele, y creo que eso me dio más posibilidades. También tuve un muy buen maestro y un muy buen grupo de experimentación. Formar parte de una compañía de teatro, estar rodeada de gente inteligente y generosa, siempre es enriquecedor: se van aprendiendo las diferentes técnicas con actores que trabajan hace muchos años, hasta encontrar la propia. Después de haber trabajado con textos clásicos se hace más fácil encarar una escena de TV, se le pierde el miedo al libreto.


–¿Cuándo hizo su primer casting?
–A los 19 o 20 años. No quedé, seguí estudiando teatro, y después me llamaron.


–¿Son crueles los castings?
–Sí, pero todo es cruel, salir a buscar trabajo a los 19 años también es cruel. No lo tomaba así, sino como una prueba personal, y encima me pagaban. Yo vivía con mis padres, no tenía esa necesidad, pero sí quería encontrar un lugar de crecimiento y desarrollo de ese deseo que apareció muy temprano en mí.


–¿Fue a estudiar al exterior?
–Me fui dos años a EE.UU. a estudiar danza, que era lo que en ese momento más me atraía. Salía del colegio y me iba a tomar clases de baile: jazz, clásico, zapateo americano, todo para preparar mi cuerpo para bailar. Había visto Fama toda mi vida, cómo no me iba a ir a tomar una clase en Broadway y ver cómo era. Terminé el colegio, y lo organicé como un viaje de estudios. Me fui sola.


–Dos años sola en Nueva York a los 18. Debe de haber sido vertiginoso.
–Fue impresionante, me emocionaba muchísimo, no lo podía creer. Había visto todas las películas de Fred Astaire, me compraba los zapatos de zapateo americano, que acá era muy difícil encontrar porque vendían los de danzas españolas con chapita, y eran muy feos. Entonces tenía todo eso que siempre había soñado: ver mi primera comedia musical, Crazy for you con música de George Gershwin, que me fascinaba. Pero debo reconocer que siempre tuve gran apoyo, además de una gran decisión.



–Pese a que su padre era militar.
–Era rarísimo para él que su hija fuera artista. Pero era la mayor, y habían puesto mucho en mí.



–No es un sector precisamente liberal.
–Encima yo nací en el 74, pero en aquel momento tampoco entendía qué era tener un padre militar. Tardé muchos años en entenderlo.



–¿Alguna vez se sintió aislada?
–Sí. Colegio de monjas, cosas de las que se hablaba y otras que no. Pero bueno, fui descubriendo tanto mi carrera artística como la historia de nuestro país, y creo que eso le pasó a mucha gente de mi edad. En casa se podía hablar, pero sólo lo que un chico podía escuchar. También dependía de uno hasta dónde quería saber. Pero ojalá que todos hayamos aprendido de lo que pasó y de lo que no tiene que pasar nunca más.


–Usted da la imagen de una chica progre, para nada encorsetada por una visión castrense de la vida.
–En mi casa había ciertas libertades. Cada uno hacía lo que quería. Obviamente mis padres deseaban que yo tuviera una buena educación y todas las herramientas para después hacer lo que quisiera. Y les encantaba, pero con ciertos miedos, como a cualquier padre. Pero en mi casa había mucha música, mucho teatro y muchas otras cosas.


–Me llamó la atención que no escuchara a Charly García.
–Y, rock and roll no. En casa se escuchaba folklore, música del litoral. Pero no eran unos padres estrictos, eran muy divertidos, muy libres.



–De todos modos se separaron cuando era adolescente, una etapa difícil.
–Tenía 12 años, y no lo esperaba para nada. Era una época donde todavía no era frecuente ser hija de padres separados, como hoy. En un momento cuestioné a mi madre por la decisión. Desde chica me divertía mucho con mi padre, y como era piloto de avión me la pasaba esperando que volviera.



–¿Por entonces dónde vivía?
–Cuando llegamos de Córdoba, vivimos en San Cristóbal, donde mi abuelo paterno tenía un laboratorio, y hasta alguna vez fantaseé con ser bioquímica, porque tenía algo como de brujería. Después nos fuimos a Barrio Norte, y ahora vivo en Palermo, aunque se está poniendo un poco denso el barrio. Es como vivir en Pinamar en enero.



–O como la Brístol.
–Sí, pero como soy una chica de Barrio Norte digo Pinamar. ¡Ja ja!



–Bueno, ha encontrado el novio adecuado.
–Nunca me lo imaginé.



–Es enamoradiza, se nota en pantalla.
–Sí, me gusta tener con quién compartir. Yo comparto todo con mi familia, con mis amigos, pero me encanta haber encontrado un par que me pueda acompañar.



–Alguna vez dijo que los hombres eran como de otro planeta. ¿Él viene de este?
–A veces no son todas frases mías, a veces una asiente y… Somos distintos, nos entendemos muy bien, pero creo que hombres y mujeres son muy diferentes.



–Y eso lo debe de haber vivido hasta llegar a este amor que parece tan ideal.
–En realidad, me olvidé de esa etapa, ya borré todo. A veces encontrarse a uno mismo también es difícil, después ver quién es realmente el otro, y el deseo puede estar puesto en cualquier lado, en cualquier cosa, en cualquiera.



–De todos modos pensar en tener hijos y todo lo demás también implica empezar a pensar en el renunciamiento.
–No sé. Es verdad que si tuviera hijos ahora, sería complicado. Trabajando doce horas diarias a este ritmo, me angustiaría al no poder cumplir con lo que un hijo necesita. Aunque estoy segura de que Julien colaboraría conmigo.



–A lo mejor los franceses son menos machistas que los nativos.
–Y sí, por lo menos él es menos machista.



–De alguna manera, ¿Los exitosos Pells busca satirizar el mundo de los noticieros y a sus conductores?
–Al ser un programa que se exporta a varios países del mundo, tenemos que tratar de buscar lo universal, aunque creo que en casi todos lados pasa lo mismo: el no saber realmente cuál es la realidad o enterarnos de los males cuando ya nos sucedieron. Saber dónde hay pobreza, estar al tanto de la falta de educación, de la falta de posibilidades. Todas esas cosas nos suceden, pero nos enteramos después. Tal vez el noticiero es algo que ya pasó, y entonces se lo ve como un programa más. De todos modos, el nuestro es un programa para divertirse, aunque también sea una muestra muy sutil de lo que realmente pasa.


–¿La saca de quicio la competencia salvaje entre los canales?
–Sí. Los Pells tienen un gran público, una audiencia a la que le gusta ver algo más elaborado. Tiene una realización que para una tira diaria es muy difícil de lograr: hay mucha gente que antes no veía tele, y que ahora mira nuestro programa. Yo creo que es un muy buen producto para comercializar y el rating casi nunca tiene que ver con la calidad.


–¿A veces amanece malhumorada?
–Hoy me levanté a las 6.30 de la mañana, y a esa hora tengo malhumor. Pero la verdad es que la paso muy bien, llego a trabajar y ya estoy contenta. Nunca me imaginé todo esto, que iba a trabajar con alguien como Mike Amigorena, siendo los dos protagonistas, divirtiéndonos, así que se me pasa el mal humor en dos minutos. Nunca me gustó levantarme temprano. Hay gente a la que le encanta, pero a mí no.


–Se ha convertido en la rubia del momento. ¿Cree en la suerte?
–Sí. Creo en algo que se me dio a mí, y siento la obligación de agradecer. Las pocas cosas que pido tienen que ver con salud, o con algo que me importa mucho. Las oraciones que me enseñaron fueron el Padre Nuestro y el Ave María, y las uso como una meditación después de pensar en las cosas que quiero agradecer. Cuando era muy chica y los miedos no me dejaban dormir rezaba al ángel de la guarda y se me iba el miedo.



–Y con su naturaleza volátil, ¿no piensa que la fama es puro cuento?
–Estoy viendo cómo va a ser. Llegué a un lugar en forma bastante inesperada, entonces no puedo sacar conclusiones ya. Estoy transitando un momento de fama, de reconocimiento, y es todo muy bueno. Obviamente hoy soy una protagonista joven, linda, pero todo esto va a ir cambiando inevitablemente. El tiempo sí es para mí como un dios tiránico: no es por la vejez, sino por lo que se lleva, que no tiene que ver con lo que uno ve en el espejo.


–La exportación la convirtió en una figura globalizada.
–Sí, me han globalizado. Y es diferente. internet es algo raro, no me puedo imaginar qué pasa con una chica en Polonia que lo ve por internet. Tampoco es que salgo de viaje y voy saludando gente por los aeropuertos. Ni soy un Rolling Stone, por eso de rodar y rodar. Pero trato de ser lo más representativa de nuestra cultura y de las culturas que puedan llegar a ver un programa como el que nosotros hacemos, conservando el orgullo de ser argentina.


–¿Cuál es el piropo más lindo que le dijeron en la vida?
–No recuerdo uno en especial, siempre me dicen muchas cosas lindas

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