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LOS EXITOSOS PELLS
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lunes, 2 de febrero de 2009

Carla Peterson: "Es buenísimo no ver televisión"

Lalola fue el hit de 2008 y Los exitosos Pells, que protagoniza junto a Mike Amigorena, es lo más visto del verano. Asegura que lo que más le afectó en su vida fue la separación de sus padres, a los 12 años, y la muerte de su gran maestro de la actuación. La pareja, el trabajo y la fama. Reportaje a una de las actrices del momento.

A pesar de que el horario de nuestra entrevista habia sido fijado a las 11.30 de la mañana en los estudios de la calle Ravingnani donde se estaba grabando un capítulo de la rendidora comedia Los exitosos Pells, algunos problemas técnicos fueron postergando el encuentro. Dos horas después, cuando finalmente nos encerramos en su camarín, ambos estábamos agotados, yo de la espera y ella del exceso de trabajo. Además, Carla estaba con prisa porque tenía una cita con su enamorado, así que la entrevista transcurrió en un tiempo nervioso y malhumorado. Antes de encender el grabador, le dije: “Espero que no estés demasiado apurada, no sé muy bien qué es lo que voy a preguntarte y espero que vos tampoco te atengas mucho a las respuestas correctas.” Carla tiene 34 años y parece sentirse muy segura en el manejo de su propia vida amorosa y laboral. Confiesa que su existencia no estuvo signada por el sufrimiento y los pesares, aunque el miedo al paso del tiempo y a su ineludible destino final eche algunas sombras sobre su habitual jovialidad.

–Según mi experiencia, de todos los integrantes de las distintas sectas de la cultura (plásticos, músicos, periodistas, intelectuales, escritores, directores de cine o de teatro), los que más eluden las respuestas concretas y los que más mienten son los actores que trabajan en televisión…
–Yo no creo que sea tan así. Lo que sucede es que a veces una percibe que hay planes armados que se disfrazan de entrevista cuando en realidad lo único que se busca son ciertos lugares comunes. Los entrevistadores se repiten unos a otros. No te despiertan ganas de hablar. Si se repite mucho la misma pregunta es evidente que yo voy a repetir la misma respuesta que ya di antes. A veces una intenta aportar algo nuevo a determinada respuesta que ya has dado docenas de veces….

–Es cierto. La mayor parte de las entrevistas están truncadas por los propósitos del entrevistador. ¿Tenés ganas de hablar de tu niñez?
–Nací en Córdoba pero no sería justo decir que soy cordobesa porque viví allí solamente los dos primeros años de mi vida. No tengo casi recuerdos. Apenas algunas imágenes del jardín de infantes. En realidad, soy porteña y pasé muchos años de mi vida en el barrio de San Cristóbal, frente al colegio de monjas del Huerto. En ese colegio se grabó una telenovela de Andrea del Boca. Tuve una infancia dichosa, sin pesares, con hermanitos que me traían regalos. Transcurría mi tiempo en mi casa con mis hermanos menores y en el colegio con mis compañeras.

–¿Y cuándo se produce el primer desgarro, la experiencia del dolor?
–A los doce años cuando mi mamá y mi papá se separaron. No estaba preparada para ese cambio y ellos no nos habían dado ninguna pista sobre eso que les estaba pasando. Fue una sorpresa muy poco esperada, un shock que no pude comprender. En el colegio yo veía a algunas compañeras que eran hijas de padres separados y me ponía recontenta por el hecho de que mis padres fueran tan unidos, que se quisieran tanto. Me sentía orgullosa de ellos. Era una época donde todavía no era muy común tener padres separados como pasa hoy. A mí la separación me dio inseguridad. Y cuestioné mucho a mi madre. Como madre y también como compañera de mi padre. Fui una hija muy cuestionadora. Pensándolo desde hoy, en realidad no entiendo que personas tan distintas como eran ellos decidieran estar juntas. ¿Qué fue lo que los llevo a estar juntos y sobre todo a permanecer juntos? Ahora que se separaron son como amigos. Me acuerdo que me divertía mucho con mi padre, jugando con él. Era piloto de avión así que me la pasaba esperando que regresara de sus viajes.

–¿Y posteriormente, no sufriste traumas o grandes decepciones?
–Desconozco la angustia, conozco la tristeza. Esas tristezas que permanecen en tu fondo y que con el tiempo vas comprendiendo qué es lo que expresan, qué es lo que te pasa. Creo que la tristeza te enseña. No he sufrido hasta el momento grandes trastornos traumáticos. Las pérdidas que pude sufrir fueron pacíficas, naturales, como la muerte de mi abuelo. Pero no he sufrido tragedias.

–Pero te tiene que haber afectado bastante el problema legal que sufrió tu padre como instructor de vuelos, cuando fue mencionado como uno de los responsables del accidente de avión de Lapa en el año 1999.
–Cuando apareció la noticia en los diarios me asusté mucho porque los titulares de los diarios están hechos para asustar. No tienen que ver con la verdad. Me asustó esa frase “pedido de 20 años de prisión”. Pero en realidad, conociendo la profesión de mi padre, yo estaba preparada. Él nunca estuvo preocupado por sí mismo, le preocupaba mucho cómo ese escándalo mediático podía afectar mi carrera como actriz. Para él ese juicio es algo que forma parte de su trabajo. Mi padre desempeñaba una función pública y es lógico que tenga que hacerse cargo. Estuvo en Malvinas y ya estaba acostumbrado a los cuestionamientos. Por suerte es una persona muy instruida, con mucha preparación y además está interesado en lo que este juicio pueda aportar a nivel del concepto de seguridad en la aviación. El juicio no terminó y él estuvo esperando muchos años a que llegara este momento. En el fondo no fue un dolor para mí.

–Entonces, ¿lo que más te afectó hasta el momento fue aquel divorcio entre tus padres?
–Te signa, te marca para siempre. Capaz que por ese recuerdo yo exageré durante todos estos años con la necesidad de formar una familia que no se rompiera.

–¡Nunca tuviste pareja convivencial?
–Todavía no. No se trata de forzar una familia, el tema es cómo hacer para dar o para darse a alguien, para abandonar la ocupación completa del espacio existencial conmigo misma, para dar lugar a la presencia de otra persona. Es como tomar la decisión de dar la vida. Uno está esperando que suceda, pero durante todos estos años no sucedió y yo nunca quise forzar que me sucediera porque me gusta mucho lo que hago, estoy muy bien conmigo misma.

–¿Cuántas horas diarias te ocupan estas grabaciones?
–Nueve o diez horas.

–Es mucho. Bueno, un portuario, un obrero de la construcción y hasta un taxista trabajan hasta doce horas, pero no por gusto. Estarás de acuerdo con que el trabajo de los artistas no se debería llamar trabajo…hay una tremenda diferencia económica…
–Llegado el momento, el dinero es muy importante. Estoy encerrada muchas horas, pero a mí me gusta estar encerrada aquí. Lo que no me gusta es no poder decir un día “hoy no quiero estar encerrada”, en ese sentido es como marcar tarjeta, es esclavizador, pero estoy satisfecha con los resultados.

–Estarás de acuerdo con que los Pells no es Kafka. Digo Kafka porque creo que vos lo interpretaste en el teatro.
–No soy muy lectora, no he leído mucho, me gusta leer pero me cuesta. Me cuesta concentrarme, necesito el tiempo y casi siempre no lo tengo. De Kafka leí solamente esa novela El castillo. Hice la obra solamente porque la dirigió Miguel Guerberof, si no hubiese sido por él ni me hubiera acercado a ese texto. Yo no me considero de ningún modo una artista, Miguel era un artista. Yo tengo un oficio que me permite estar cerca de lo artístico. Vos observás la vida de Garveró y su vida fue siempre el teatro. También en la televisión tuve la fortuna de estar casi siempre rodeada de buenos actores y ellos me acercaron a la zona más artística. Porque yo vengo del mundo de la normalidad, vengo de un colegio, me gustaba ir, era una chica bien adaptada. Sin Garveró no me hubiera atrevido nunca a acercarme a Shakespeare. Pero mi trabajo es la tele, me pagan, mi imagen se vende y ese éxito de mi imagen me permite seguir trabajando, quizá necesite otros retos pero no en este momento.

–Entonces, no tenés mucha experiencia teatral...
–Yo hice teatro diez años aunque fuera comercial. Hice cuatro obras de Shakespeare, fui a Alemania donde por primera vez se hizo una obra de Shakespeare en español. Para hacer teatro hay que rodearse de artistas. En televisión es otra cosa, hay que preocuparse en cumplir con los tiempos. Tuve la fortuna de estar siempre implicada en buenos proyectos.

–La tele tiene un prontuario grueso de envidias y competencias crueles…
–Supongo que hay. Mejor dicho: sí, hay esa envidia o esos celos y bastante. Pero yo tengo una conciencia de lo grupal que me aleja de esas zonas. Cuando estás en un elenco comprendés tarde o temprano que solo no sos nada, ni valés nada. En una obra o en una novela televisiva está el tiempo de cada uno y hay un tiempo que es para todos. Yo siempre sentí la necesidad de estar bien rodeada. Para contagiarme. Porque cuando estás actuando se produce como una fiebre que se contagia. El teatro es esa fiebre contagiosa. Ojo, la mala actuación también es contagiosa. Yo trato de juntarme con buenos actores para actuar mejor. Pero por supuesto que se compite, competís por el éxito, por el rating, por los premios, a mí me gusta mucho ganarlos.

–¿No te parece que la premiación es una frivolidad?
–Sí, yo no sé qué se premia, pero te mentiría si te dijera que no me gusta recibir un premio, me encanta. Atención: si no los recibo no pasa nada; ahora me puede pasar que los reciba, pero nunca fui premiada antes. No trabajo para ganar premios. Pero si me ponen en una terna, lo que sentís es: “mejor que me lo den a mí”.

–¿Te has enamorado escandalosamente, con desesperación y lágrimas?
–Sí, pero yo no creo que sean amores, son como pruebas. En esas relaciones, cuando las pasás, aprendés algo de vos mismo; después que terminan descubrís cosas tuyas. A mí me pasaba que yo percibía que no prosperaba en algo más sereno y placentero que es lo que buscamos: la paridad, el par para poder compartir las cosas buenas y malas de la vida. Yo terminaba haciendo análisis y lo que resultaba de todo lo sucedido era que lograba entenderme más a mí, lloraba durante un par de meses, lloraba mucho y después me olvidaba.

-¿Has tenido aventuras eventuales de puro erotismo y fascinación sensual?
–Sí, las he vivido, pero honestamente la he pasado bastante mal en esas aventuras. Te encontrás repentinamente en escenas y lugares que no reconocés ni tienen que ver con vos. Si intentás pasar tus limites para salir de vos misma y de tu propio mundo; te encontrás molesta, incómoda.

–Pero tampoco fuiste una mujer de buscar pareja...
–Lo que pasa es que nunca encontré una persona con la que pudiera compartir mucho. Nunca conviví. Ahora sí lo estoy intentando, pero me llevó mucho tiempo encontrar la confianza, ese dormir y despertar todos los días con la misma persona.

–Ahora, siguiendo los gustos de tu pareja hasta vas a un recital de Smog...
–Sí, me gusta mucho el disco de Callahan. Nunca fui rockera. Nunca me gustó ni escuché a García o Spinetta. Siempre me gustó el jazz antiguo, nada me conmueve más que Chet Baker, Charly Parker o Dizzi Gillespie. Tengo todos los discos de Duke Ellington. Me pasa algo parecido con el cine, me gustan las películas antiguas como Ladrón de bicicletas o La armada Brancaleone. Por supuesto que también me gusta David Lynch, pero no hay nada mejor que los actores de La Armada Brancaleone, es una de esas bandas de las que uno quiere formar parte, esa película concentra y expresa mis propias ideas. También es porque son cosas que tendría que haber conocido a los 17 años y las descubrí de grande. Cuando era más chica me hacía la moderna.

–No te obsesiona el paso del tiempo, la ineludible certeza de que el tiempo nos va acorralando hacia las puertas de la extinción….
–Conozco ese miedo y obviamente trato de evitarlo. Creo que desde hace tres o cuatro años después de un viaje que hice tomé conciencia de lo efímero que es existir, lo efímeros que son todos los momentos y que cada hecho que sucede por primera vez también sucede por última vez y esa sensación es muy angustiante. Creo que la muerte de uno produce miedo pero las muertes que nos hacen sufrir son las de los demás.

–¿Tenés esperanzas religiosas?
–No, no tengo, quizá tener un hijo es como dejar algo en el mundo. Un maestro deja algo en el mundo. Su paso por la tierra tuvo una razón de ser. La muerte más reciente y dolorosa fue la de mi maestro, Miguel Garveró, a los 67 años. Son las únicas muertes que conozco, la de mi abuelo y la de Miguel, que fue hace un año y medio. Pero mi abuelo no fue un viejo que yo quisiera mucho. Miguel, en cambio, era mi mejor amigo y se murió además en forma sorpresiva. No fue un hecho que se anunciara. No era que él estuviera preparándose. Miguel decía que había que evitar el hospital, pero se murió ahí. Cuando le dijeron que podía llegar a ser un enfermo cardíaco dijo chau, les mando un beso. Fue todo muy breve. Llegó al hospital a la tarde de un día después de que le dio un paro, lo revisaron, lo encontraron bien, todo normal y se murió la mañana siguiente. Yo sin saberlo me despedí de él. Esa noche vimos una película en la tele del hospital, vimos ¿Quién le teme a Virginia Woolf? y nos despedimos. La última broma me la hizo a las doce de la noche y a las siete de la mañana estaba muerto. Mientras lo acompañaba en el hospital, era algo casi obsceno porque yo sentía que la muerte nos estaba acechando. Él estaba bien, no se daba cuenta de eso, me hacía chistes pero yo estaba como simulando porque presentía la muerte, a pesar de que los médicos no habían encontrado secuelas. Era nuestra primera escena de hospital, lo nuestro eran los bares. A la mañana me llamaron y cuando supe me quedé aturdida, en silencio. Después lloré. Encima después viene el velorio y todos los espantosos trámites de la muerte. Cuando un ser tan hermoso se esfuma, el mundo cambia, pierde gracia. Fue mi gran compinche, nos encontramos y nunca nos pudimos separar.

–¿Tuviste malos desempeños, interpretaciones frustradas?
–No sé si malas, pero más ingenuas, sin estar preparada, con conceptos que no eran buenos. Un actor se va haciendo buen actor con el tiempo y la experiencia; vos podés tener intuición, pero la vida te va haciendo buen actor. Por eso la importancia de buscar lo artístico en otro lado. Un actor se alimenta de las imágenes, de las experiencias, de lo que vas conociendo a la gente y sobre todo a vos mismo.

–Y en el cine, ¿tuviste experiencia en el cine?
–No. Hice una película con Carlos Sorín, se estrena dentro de poco, creo que en marzo. Se llama La ventana. Se trata de la historia de un día en la vida de un hombre que va a morir. Está esperando la visita de su hijo que es músico y que hace tiempo no ve. Yo interpreto el papel de la esposa del hijo. Una muchacha que se prepara para conocer a la familia de su pareja. Es el cine familiar, cotidiano, íntimo que le gusta a Sorín y que consigue plasmar tan bien. El cine se parece a la tele pero es más claro. En la tele yo hago 45 minutos diarios de estos libretos y en el cine toda la peli equivale a este libreto de un día en la tele.

–¿Cómo haces para memorizar todo esos textos diariamente?
–Primero leo el libreto para ver cómo es y qué hace mi personaje en la historia y con respecto a los demás personajes; la noche antes de grabar fijo las escenas que tengo que hacer al otro día. La letra se hace estricta, se puede vagabundear un poco, pero yo trato de ser exacta, no me gusta divagar sino concretar.

–¿Como juzgás a Los Pells? Yo no lo vi porque no tengo tele.
–Es buenísimo no ver televisión, yo tuve épocas que no veía nunca y me hacía muy bien.

–Lo que te pregunto es si resulta posible hacer una telenovela buena...
–No es una telenovela, es una comedia romántica. No hay una heroína romántica. No es una tragedia. Son hechos más parecidos a la realidad. A mí lo que más me gusta de la televisión es que me permite actuar todos los días y me encanta estar todos los días al borde de la actuación; no es narcisismo, es placer de trabajar, me encanta agruparme y en Los Pells estoy muy bien rodeada.

–¿Te gustaba también interpretar el fantasioso personaje que hacías en Lalola?
–Era un personaje muy improbable, podría haber sido un fracaso enorme para mí. Un hombre que se despertaba con el cuerpo de una mujer. Era interesante y de hecho hay varias películas con esa idea, que desarrollan el tema. Pero yo tenía que hacer 180 capítulos con esa idea. Era mucho. Cuando hiciste 120 chistes, ¿qué más podía hacer además de hacerlos con los zapatos que me apretaban o las polleras que no me gustaban? Pero la repetición es la base de la televisión y si me niego a la repetición no debería trabajar más.

–La televisión suele ser una achanchadora de cerebros, un antro perverso de proyecciones mediocres… –Yo no me cuestiono. No me gusta hacer ciertas cosas y trato de no hacerlas. No me gustan los personajes con acentos porteños exagerados. Tampoco sería conductora. Cuido el uso de mi imagen, hasta ahora no hice publicidades, trato de no ir a los eventos donde me invitan porque soy conocida. Pero imaginate que si por plata he actuado en eventos para entretener a la gente, si me llamaban de la televisión ¿cómo me iba a negar?

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